2.2 Temas Teológicos del Pentateuco.

La tarea de esta sección es discernir cuáles son los temas que surgen del mismo texto y cómo se relacionan entre ellos.

La perspectiva de redacción de la gran mayoría del Pentateuco es divina. El narrador de las historias es “omnisciente”, o sea que sabe qué está pensando cada personaje y qué está sucediendo simultáneamente en otros lugares. Por ejemplo, en Génesis 31:19, cuando Jacob se prepara para huir de su tío Labán, el narrador relata que Labán estaba trasquilando sus ovejas y que Raquel robó los ídolos de su padre sin conocimiento de Jacob. Así el narrador ve las cosas y las narra desde la perspectiva de Dios—quien ve todo. Las leyes y genealogías del Pentateuco están dadas desde la misma perspectiva.

Hay unos pocos pasajes (en su mayoría poesía) escritos desde la perspectiva humana. Un ejemplo es el cántico de Moisés en Éxodo 15:1–19, donde Moisés alaba al Señor y celebra el milagro de haber cruzado el Mar Rojo en tierra seca y ver el mar volver a su lugar por encima del ejercito del Faraón. Otro pasaje escrito desde la perspectiva humana ocurre en Números 10:35–36.

2.2.1. Dios el creador

La creación de los cielos y la tierra es el evento que hace posible el resto de la Biblia. La narración de la creación muestra que Dios es poderoso, sabio y eterno. La manera organizada de dar existencia a todo el universo, donde cada etapa en la creación es una preparación para la siguiente etapa, da a entender que Dios preparó el universo para que fuera un lugar ideal para el ser humano. Las actividades que Dios realiza con Adán demuestran la importancia central de la relación entre el Creador y la humanidad.

2.2.2. Dios y el ser humano

A través de todo el Pentateuco, vemos a Dios y al ser humano: a veces en armonía y a veces en conflicto.

2.2.3. Conocer a Dios

El tema de conocer a Dios es fundamental a los siguientes temas secundadrios en la misma forma en que el tema de Dios como creador es fundamental para los temas principales. Surge en Éxodo. Esto implica que, a esas alturas, la mayoría de las personas no le conocían. Dios se revela a Moisés en la zarza ardiente y le explica el significado de su nombre y el hecho de que Él es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Se revela a través de las plagas tanto al pueblo como a Faraón. Se manifiesta en el Monte Sinaí y en los mandamientos. Declara que es: “Dios compasivo y clemente, lento para la ira y abundante en misericordia y verdad; el que guarda misericordia a millares, el que perdona la iniquidad, la transgresión y el pecado, y que no tendrá por inocente al culpable; el que castiga la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos hasta la tercera y cuarta generación” (Éx 34:6–7).

Habiendo revelado su naturaleza a su pueblo, quiere que su pueblo sea un “reino de sacerdotes” (Éx 19:6) para mediar ese conocimiento a otras naciones a través de su obediencia: “Así que guardadlos y ponedlos por obra, porque esta será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: ‘Ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente.’ Porque, ¿qué nación grande hay que tenga un dios tan cerca de ella como está el SEÑOR nuestro Dios siempre que le invocamos? ¿O qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios tan justos como toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros?” (Dt 4:6–8).

Sin embargo, el conocimiento de Dios no es exhaustivo. Dios revela lo que quiere y reserva sin revelar lo que no conviene al ser humano saber. “Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios, mas las cosas reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, a fin de que guardemos todas las palabras de esta ley” (Dt 29:29).

2.2.4. Obediencia/Desobediencia

Dios es el creador, todopoderoso y soberano que sabe todo. Él formó el ser humano a la imagen y semejanza de Dios, con el propósito de poder estar en relación amistosa e íntima con él. Sin embargo, la relación correcta con Dios no es una relación entre partes iguales. Para poder estar en relación con Dios el ser humano tiene que reconocer la autoridad absoluta de Dios y someterse sin reparos a esa autoridad. Desde el primer mandamiento en Gn 2:16–17 de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, hasta las últimas palabras de Moisés36, la obediencia es necesaria para que el ser humano pueda permanecer en relación con su Creador.

Lo que Dios requiere no es una obediencia pasiva (solamente evitar ciertos pecados), sino es una obediencia activa. Gn 2:15 aclara que Dios formó al hombre para trabajar (עבד) y guardar (שמר) el huerto. En Gn 6:14, mandó a Noé hacer un arca. En Gn 12:1, mandó a Abram salir de su tierra y de entre sus familiares, luego en Gn 22:2 a sacrificar a su único hijo. El espacio no permite nombrar todos los casos donde Dios exige una obediencia activa, pero el gran mandamiento de amar a Dios con todo su ser (Dt 6:5) y el de amar al prójimo como a uno mismo (Lv 19:18) ilustran la idea. Todos los otros mandamientos (sean positivos o negativos) son ampliaciones de estos dos mandamientos que exigen obediencia activa.

El hecho que Dios requiere obediencia tiene un lado oscuro. La desobediencia de Adán y Caín resultó en maldiciones sobre la misma tierra. La desobediencia de los descendientes de Caín causó la destrucción de la tierra. La desobediencia de los constructores de la torre de Babel llevó a la confusión de idiomas. La desobediencia del Faraón causó terribles desastres en Egipto. La desobediencia de la generación que salió de Egipto resultó en la muerte de todos salvo los dos obedientes (Josué y Caleb). La desobediencia de los habitantes de Canáan provocó que Dios ordenara la destrucción de ellos. Deuteronomio predice la desobediencia del mismo pueblo que resultará en el exilio.

2.2.5. Bendición/Maldición

Las primeras bendiciones en la Biblia surgen espontáneamente de la bondad y benignidad de Dios. Él bendice a los peces y las aves, Adán y Eva, el séptimo día, y Noé y sus hijos. Comenzando con Abram, la bendición de Dios está ligada a la obediencia (Gn 12:1–3; 22:16–18). En especial, después de ratificar el pacto con el pueblo en Éxodo 24, Dios comunica en forma explícita que su bendición será el resultado de la obediencia a las estipulaciones del pacto, y la desobediencia causará una serie de maldiciones (Lv 26; Dt 28). Las bendiciones pronunciadas a Abraham y a sus descendientes y las bendiciones asociadas con obediencia al pacto tienen un fuerte componente material: hijos, tierra, ganado, victoria sobre enemigos. Pero la bendición que Dios manda que los sacerdotes pronuncien sobre el pueblo es principalmente sobre el área de una relación estrecha y personal con Dios (Nm 6:23–27).

La bendición de Dios sobre su pueblo es firme y ningún poder humano ni espiritual puede cambiarla. El rey Balac con todas sus riquezas y el profeta Balaam con su reputación como autoridad espiritual no pudieron alterar la intención de Dios de bendecir a su pueblo. Sin embargo, el mismo pueblo con frecuencia anula esa bendición cuando se rebela contra Dios. Desde la desobediencia de Adán, la maldición surge como resultado de desobedecer a Dios.

2.2.6. Dios toma la iniciativa y elige

Cuando Adán y Evan desobedecieron a Dios, la relación de amistad con Él fue rota y esa ruptura afectó también la relación entre ellos y su relación con el resto de la creación. Dios tomó la iniciativa para reparar la relación. En lugar de destruirlos inmediatamente, tuvo compasión, cubrió su desnudez, y prometió que un descendiente de la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente. El asunto del descendiente no está resuelto hasta el final de Deuteronomio, no es claro quién es o cuándo va a nacer. Solamente sabemos que va a ser un descendiente de Abraham, Isaac y Jacob y probablemente de la tribu de Judá (por las profecías en Gn 49 y Dt 33).

Dios tomó la iniciativa al escoger a Abram y sus descendientes como canal de bendición para todos los grupos étnicos de la raza humana. Tomó la iniciativa al seleccionar a Moisés para ser su instrumento para sacar a los descendientes de Abraham de la esclavitud al Faraón. Tomó la iniciativa cuando ofreció hacer un pacto con ese grupo de personas desagradecidas y rebeldes. Tomó la iniciativa al mandar a construir un tabernáculo para hacer posible que su presencia estuviera entre el pueblo. También fue iniciativa de Dios establecer el culto y revelar el tipo de comportamiento necesario para conservar la relación restablecida.

2.2.7 El ser humano decide

El ser humano tiene la responsabilidad de tomar la decisión de obedecer o no. Adán y Eva decidieron desobedecer a Dios y desataron una cadena de consecuencias que afectaron a todos sus descendientes hasta el día de hoy. Cerca al final de su vida, Moisés enfatizó la importancia para el ser humano de decidir correctamente:

Mira, yo he puesto hoy delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal; pues te ordeno hoy amar a YHWH tu Dios, andar en sus caminos y guardar sus mandamientos, sus estatutos y sus juicios, para que vivas y te multipliques, a fin de que YHWH tu Dios te bendiga en la tierra que vas a entrar para poseerla. Pero si tu corazón se desvía y no escuchas, sino que te dejas arrastrar y te postras ante otros dioses y los sirves, yo os declaro hoy que ciertamente pereceréis. No prolongaréis vuestros días en la tierra adonde tú vas, cruzando el Jordán para entrar en ella y poseerla. Al cielo y a la tierra pongo hoy como testigos contra vosotros de que he puesto ante ti la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Escoge, pues, la vida para que vivas, tú y tu descendencia, amando a YHWH tu Dios, escuchando su voz y allegándote a Él; porque eso es tu vida y la largura de tus días, para que habites en la tierra que YHWH juró dar a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

(Deuteronomio 30:15–20)

2.2.8 Promesa/Alianza

Dios está dispuesto a comprometerse con los seres humanos a pesar de la poca confiabilidad que ellos muestran. El pacto que hizo con Noé y sus hijos, de no destruir la tierra con agua y mantener la constancia de las estaciones, está vigente hasta el día de hoy a pesar de muchos siglos de abusos contra la naturaleza y una historia humana llena de incredulidad y rechazo hacia Dios.

Las promesas dadas a Abraham están todavía pendientes en parte al final de Deuteronomio, pero la multiplicación de descendientes ya se cumplió y la promesa de la tierra de Canaán está por cumplirse a pesar de muchos casos de desobediencia y rebeldía de parte del pueblo.

Dios estableció el pacto con el pueblo en Éxodo 24. En menos de cuarenta días, el pueblo lo invalidó con su descarada idolatría. Dios volvió a establecer el pacto con ellos por gracia y en Deuteronomio 29 lo renueva con la siguiente generación a pesar de la falta de fe de sus padres.

A través del Pentateuco se puede observar cómo Dios cumple con lo que dice. En contraste, el ser humano se presenta caprichoso y variable. Abraham tiene sus lapsos morales serios, pero también a veces demuestra gran fe. Dios es constante y fiel en todo momento. Isaac, Jacob, Moisés, el pueblo de Dios—todos tienen sus altibajos, pero Dios es fiel y totalmente estable en sus propósitos y acciones.

2.2.9 Santidad/Descanso/Presencia de Dios

En la Biblia, el séptimo día (sábado, día de reposo) es lo primero que Dios santifica (Gn 2:3). El resto del capítulo 2 de Génesis demuestra que el propósito de Dios en apartar ese día fue para disfrutar de la relación íntima y personal con Adán y Eva37 (presencia de Dios). Por eso, parece que la santidad, el día de reposo, y la presencia de Dios son tres aspectos interrelacionados. En Génesis 2 la presencia de Dios con la humanidad en el Edén es ideal. Todo está en perfecta armonía y paz. Es como un “día de reposo” sin final en el cual Dios y el ser humano creado pueden disfrutar juntos la perfección de la creación. La perfecta santidad de Dios no es un obstáculo para esa armonía porque no había ocurrido todavía la desobediencia.

Tan pronto ocurre la desobediencia, ese “día de reposo” termina con la expulsión de Adán y Eva de la presencia de Dios. Aunque Dios se manifiesta después a Caín y a Noé, siempre tiene algo que ver con el pecado. La santidad de Dios hace que la verdadera comunión con ellos sea demasiado peligrosa.

Dios promete bendición a Abraham, pero los tiempos de descanso y comunión con él (Gn 18) ocurren después del momento cuando la fe de Abraham le es contada como justicia (Gn 15:6) y después de que Dios establece con él y con su descendencia el pacto de la circuncisión (Gn 17). Además, los tiempos de comunión entre Dios y Abraham son esporádicos y no continuos.

El encuentro entre Dios y Moisés en Éxodo 3–4 es lejano, y hasta la circuncisión del hijo (Éx 4:24–26), peligroso. Cuando Dios aparece al pueblo en Éxodo 19, genera mucho temor y la petición de que no se aparezca más a todo el pueblo, sino a través de Moisés. En respuesta a esta petición, Dios manda construir el tabernáculo, donde puede habitar entre el pueblo con varias barreras que menguan el peligro. El peligro asociado con la presencia de Dios en medio del pueblo tiene que ver con su santidad, y varios de los mandamientos acerca del día de reposo ocurren en esta parte de Éxodo (Éx 20:8, 10–11; 23:12; 31:13–17; 34:21; 35:2–3).

Todo el sistema ritual y el código de santidad en Levítico existen para contrarrestar el peligro asociado con la presencia del Santo Dios en medio de un pueblo que a veces desobedece o manifiesta la impureza ritual. Dios quiere estar presente en medio de su pueblo y disfrutar reposo y comunión con ellos, pero por el momento, son necesarias varias capas de protección, el derramamiento de sangre, y la mediación de sacerdotes consagrados para poder lograr su presencia sin destruir por completo al pueblo en su pecado.

2.2.10. Sustitución

El tema de la sustitución tiene su inicio en Génesis 3:21 cuando Dios mata un animal para proveer pieles para cubrir la desnudez de Adán y Eva. Ellos no murieron inmediatamente por su desobediencia porque un animal inocente murió en su lugar. La historia del sacrificio de Isaac en Gn 22 es una ilustración narrada de la sustitución, donde Dios proveyó un carnero en lugar del hijo de Abraham. La Pascua en Éxodo 12 es otra ilustración de la sustitución, donde el cordero muere en lugar del primogénito en la casa. El sistema de sacrificios detallados en Levítico es la culminación de las ilustraciones de sustitución que el Pentateuco provee. A través de la muerte de los animales, los sacerdotes hacen expiación por el pecado, la inmundicia y los errores no intencionales del pueblo. La muerte del animal inocente en lugar del ser humano hace posible la presencia de Dios entre el pueblo.

2.2.11. Tierra

La promesa a Abraham de hacer de sus descendientes una gran nación implica que Dios tiene que darle un territorio. Después, Dios amplía la promesa al decir que va a dar la tierra donde Abraham está viviendo a sus descendientes. Dios repite esa promesa explícita numerosas veces a Abraham, a Isaac, y a Jacob. Después, la promesa se convierte en un refrán a través de Éxodo-Deuteronomio. Al final de Deuteronomio, la promesa todavía está por cumplirse, pero todo indica que su cumplimiento está cercano.

La promesa de la tierra sugiere que el propósito de Dios es tomar un paso más hacia la meta de volver a la situación ideal del Edén. En el jardín, hubo provisión abundante de todo lo necesario y el trabajo de cuidar y labrar el huerto fue hecho en armonía con la naturaleza y el creador. El pecado causó la expulsión del Edén y una maldición sobre la tierra. Ahora el pueblo está ligado nuevamente al creador a través del pacto, y existe una promesa de prosperidad y abundancia si permanece en obediencia. En la tierra prometida, Dios escogerá un lugar donde colocar su nombre (presencia). Todo el pueblo se reunirá en ese lugar periódicamente para celebrar fiestas que son recordatorios de los hechos grandes de Dios y oportunidades para alabarle y agradecerle por su misericordia y fidelidad. Y esa situación ideal impulsará a las otras naciones a buscar al Dios de Israel también (Éx 19:6; Dt 4:5–8).
Sabemos que este plan de Dios no fue realizado por completo debido a la desobediencia de su pueblo, pero veremos en otros capítulos momentos cuando hubo una realización parcial de aspectos de este propóstio.

2.2.12. Ministerio profético

Deuteronomio 13:1–5 y 18:15–22 pone el fundamento para el ministerio profético que Dios va a establecer. Aunque los profetas del AT no alcanzan la medida de Moisés, porque no eran mediadores de un pacto (como Moisés) sino siervos del pacto que fue iniciado a través de Moisés, sin embargo, ellos eran voceros de Dios y continuaron el ministerio hasta la venida de Jesús, quien fue el “profeta como Moisés” predicho en Dt 18:15 (compare Hch 3:22–24).

Desde el momento cuando Dios se apareció a todo el pueblo en Éxodo 19, el pueblo pidió que Moisés fuera el vocero (profeta) de Dios porque tuvieron miedo de experimentar la presencia directa de Dios. Aunque Dios llamó a Abraham “profeta” (Gn 20:7) y también llamó a Aarón el “profeta” de Moisés (Éx 7:1); sin embargo, Moisés fue el primer hombre que Dios usó para comunicar su voluntad al pueblo. Dios habló cara a cara con Moisés como un hombre habla con un amigo (Éx 33:11; Nm 12:7–8), y Moisés fue fiel a Dios, comunicando cuidadosamente su palabra al pueblo.

El mensaje profético de Moisés al pueblo es el patrón y paradigma para toda palabra profética del AT. Él animaba al pueblo a la obediencia, exhortaba al arrepentimiento, intercedía ante Dios por los pecados del pueblo, predecía la apostasía y el exilio del pueblo y la restauración futura. También predecía el Mesías (el “profeta como yo” de Dt 18:15). El contenido principal de todos los profetas está prefigurado en las palabras que Dios habló a través de su siervo Moisés.

2.2.13. Ministerio de intercesión

Dios en su soberanía absoluta, permite y anima a sus siervos interceder por otros. La primera instancia de intercesión en la Biblia ocurre en Génesis 18:17–33 cuando Abraham intercede por los justos en Sodoma (probablemente pensando en su sobrino, Lot). En otra ocasión, Abraham intercede por Abimélec en Gn 20:17. Moisés es el gran intercesor que pide a Dios en repetidos momentos que no destruya al pueblo por su rebeldía. En Éxodo 32:32, Moisés pide que Dios borre su nombre del libro de la vida en lugar de destruir al pueblo. Dios responde: “Solo borraré de mi libro a quien haya pecado contra mí”. En ese momento, no destruyó todo el pueblo.

El argumento que Moisés emplea en la mayoría de sus intercesiones es la honra debida al nombre de Dios. Si Dios destruye el pueblo, ¿qué dirán las naciones? Pensarán que Dios no fue capaz de cumplir con lo que prometió, o que Dios engañó al pueblo y lo sacó de Egipto para destruirlo en el desierto. Moisés sabe que el pueblo no merece la misericordia de Dios, (en verdad, muchas veces vemos a Moisés irritado y molesto con el pueblo) pero tiene un celo fuerte por el grandioso nombre (la reputación) de Dios y cuando intercede por el pueblo, él apela a ese nombre como su argumento principal.

2.2.14. RELACIÓN ENTRE TEMAS

Ya mencionamos seis temas: (1) Dios el creador; (2) Dios y el ser humano; (3) Sustitución; (4) Tierra; (5) Ministerio profético; (6) Ministerio de intercesión. En el contexto del Pentateuco, cada uno de estos temas está vinculado de alguna manera con la iniciativa de Dios para solucionar el problema creado por el pecado: la ruptura de la relación entre Dios y el ser humano, la ruptura de la relación entre los seres humanos, y la ruptura de la relación entre los seres humanos y el resto de la naturaleza.

El primer tema (Dios el creador) explica la existencia del mundo y el ser humano en relación con Dios. El segundo tema (Dios y el ser humano) muestra a Dios haciendo todo lo posible para reparar el daño que el pecado ha hecho (con la excepción de obligar al ser humano, convirtiéndole en un robot). El tercer tema (sustitución) provee la manera para que Dios pueda aceptar al pecador sin abandonar su justicia y santidad. El cuarto tema (tierra) es una ilustración del estado del Edén. El quinto tema (ministerio profético) mantiene la comunicación abierta entre Dios y el pueblo. Y el sexto tema (ministerio de intercesión) involucra a algunos representantes del pueblo en la obra restauradora de Dios.

En medio de la gran diversidad del Pentateuco, este estudio revela que cada aspecto de esta obra literaria contribuye a la construcción de un tapiz glorioso de la misericordia, amor y fidelidad de un Dios quien es a la vez perfecto en santidad y justicia.

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